Introducción

Georgia está ubicada en el sureste de Europa, al sur del Cáucaso, entre el Mar Negro y el Caspio, en la costa este del Mar Negro. Al norte limita con Rusia y al sur con Turquía, Armenia y Azerbaiyán.
El país transcontinental se encuentra en la línea divisoria entre el sureste de Europa y Asia occidental. Pero forma parte de Europa en términos sociales, políticos y culturales.
El territorio de la Georgia moderna ha estado continuamente habitado desde comienzos de la Edad de Piedra. En la era Clásica antigua surgieron los estados georgianos Kolkheti e Iberia, que supuso un comienzo de la cultura georgiana y de su estado.
Georgia ha sido considerada como la patria del vino desde la antigüedad. Las investigaciones arqueológicas muestran la existencia de vinicultura en este país desde hace 7.000 años y muchos consideran que la palabra genérica del vino proviene del georgiano “gvino”. El cristianismo fue adoptado como religión oficial en el siglo IX y el país se convirtió en una monarquía unificada en el siglo IX, pero después ha atravesado diversos resurgimientos y derrocamientos hasta dividirse en dos pequeñas unidades políticas en el siglo XVI.
Durante los años 1801-1866, la Rusia imperial conquistó las tierras georgianas poco a poco. Una vez reinstaurado como país independiente, tras la revolución rusa, la República Democrática de Georgia (1918-21) fue víctima de los bolcheviques y pasó a formar parte de la Unión Soviética en 1922.
Georgia declaró de nuevo su independencia en 1991. Después de la guerra civil y el caos causado por una estricta crisis económica, el país alcanzó mayor estabilidad hacia finales de los años 90.
La Revolución de las rosas, en 2003, llevó al poder a un joven gobierno, reformista y pro-occidental. La principal prioridad del nuevo gobierno, de convertirse en miembro de la OTAN y unificar Georgia tuvo como consecuencia directa la ruptura de las relaciones con Rusia. Además, el rápido crecimiento económico convirtió al país en epicentro para los proyectos energéticos de Eurasia.
Tras la caída de la Unión Soviética y la declaración de Independencia de Georgia en 1991, como resultado de los movimientos independentistas en Abjasia y los conflictos étnicos ocurridos en la región de Osetia del Sur o Tskhinvali causaron problemas territoriales. Así, se establecieron regímenes separatistas entre 1991-93. Tras el conflicto militar ruso-georgiano de agosto de 2008, Rusia reconoció la soberanía de estas regiones. Actualmente, el ejército ruso, declarado como fuerza ocupante por el Parlamento georgiano, se encuentra presente en esas repúblicas. Mientras, el país intenta recuperarse de las consecuencias del conflicto.
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